Al segundo mes de cuarentena por la pandemia de la COVID-19 Fabiana pensó que se estaba volviendo loca por el encierro. Los síntomas la obligaron a hacerse unos exámenes de sangre y los resultados le cambiaron la vida por completo.

 

Lo normal se vuelve muy diferente cuando se vive una pandemia, sobre todo si es una sin precedentes como lo es la del nuevo coronavirus. Ahora es normal que la gente no se toque entre sí, es normal llevar caretas plásticas en la cara y tapabocas en todo momento y, por supuesto, es normal vivir con miedo a salir y ser contagiado. 

Para Fabiana Reynales, la nueva normalidad no solo había atacado su ambiente externo sino también el interior de su cuerpo. Sus valores se olvidaron de lo que era normal y comenzaron a comportarse distinto: La transaminasa, que debe estar en 30, la tenía en 300; las plaquetas, que deben estar entre 150 y 400, las tenía en 20; la bilirrubina, que debe estar en 1,5, la tenía en 7,5.

Fabiana tiene 21 años, estudia sexto semestre de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello en Guayana. Cuando se gradúe quiere dedicarse al periodismo de investigación y su materia favorita este semestre es “Ética de la Comunicación”. Ojalá su descripción terminara allí, pero ahora se suma el hecho de que es una paciente diagnosticada con diferentes enfermedades.

 

Primeros síntomas

La primera semana de mayo Fabiana sentía que había algo mal con su cuerpo. “No me sentía yo en mi cuerpo”, comentó. Le daban muchos dolores de barriga, no tenía ánimos de nada y se veía amarilla. Su familia pensaba que era hepatitis y allí decidieron hacer los primeros exámenes de sangre. Los resultados no fueron los que esperaban. Fue el jueves siete de mayo.

El viernes ocho, acudieron a un hematólogo, quien es el primer doctor que atiende a Fabiana. En la consulta le dijo que necesitaban descartar diferentes cosas y debían hacerle una biopsia de la médula ósea para saber en realidad qué es lo que tenía. Sin embargo, el doctor le dijo “puede ser que tengas Ehrlichiosis, que es la enfermedad de la garrapata” y le indicó que debía repetir los exámenes de sangre. Así, el sábado nueve, los resultados arrojaron que las plaquetas de Fabiana, que estaban en 100, se desplomaron a 30. Ese día le hicieron su primera transfusión de sangre.

Cuando se descompensaba, las transfusiones de sangre la mantenían a flote. Créditos: Cortesía.

La Ehrlichiosis, de acuerdo a la página web de la Clínica Mayo, es “una enfermedad bacteriana transmitida por las garrapatas, que provoca síntomas similares a los de la influenza”. Los síntomas característicos de la enfermedad son “fiebre leve, dolor de cabeza, escalofríos, dolores musculares, náuseas, vómitos, diarrea, fatiga y pérdida de apetito”.

La semana siguiente, a Fabiana le hicieron la biopsia de la médula ósea que el doctor recomendó. Los resultados tardarían un mes en llegar y, mientras esperaba, debía cumplir un tratamiento por dos semanas para matar la bacteria de la enfermedad de la garrapata.

La dinámica en su casa cambió completamente. Su abuela y su tía fueron a vivir a su casa para ayudar a la mamá de Fabiana con todas las diligencias que se tuviesen que hacer, además de cuidar a sus dos hermanos menores, de 11 y 5 años. Fabiana sintió que esas dos semanas fueron más largas de lo normal. Se sentía débil, vomitaba, hubo noches en las que las náuseas no la dejaban dormir y un día amaneció con las piernas tan hinchadas que no podía caminar. Le tuvieron que hacer transfusiones para compensar esa debilidad.

Fabiana no podía dormir completamente acostada debido a las náuseas. Créditos: Cortesía.

– “Yo me quedaba tranquila pensando ‘bueno, son dos semanas, ya yo en dos semanas voy a estar bien’”.

Pero el tratamiento terminó y Fabiana seguía con las plaquetas y la hemoglobina bajas. Durante esas dos semanas de tratamiento, el antibiótico que le recetaron fue doxiciclina y el impacto que tuvo en su cuerpo fue muy fuerte; tanto así, que dejó de asistir a sus clases virtuales por tres semanas.

– “Me pega muy duro en el hígado y en el estómago. Me dan ganas de vomitar, me mareo, todo”.

Otro medicamento que le causó molestias y cambios físicos fueron los esteroides. Comentó que se ponía “súper hinchada pero súper, súper hinchada que parecía que me hubiesen sacado las cordales y la barriga la tenía como una embarazada”.

Golpe de realidad

Su cumpleaños n° 21 fue el día en que más “le pegó” emocionalmente toda la situación.

– “Me acuerdo que me hicieron un examen ese día entonces dependiendo de cómo salían mis plaquetas iban a ver si me hacían transfusión o no. Y ese día no me hicieron transfusión y yo estaba normal y feliz porque no iba a tener transfusión el día de mi cumpleaños. Pero a la vez estaba como chimba porque no podía comer torta porque tenía el hígado inflamado”.

Pero a las 8:00 de la noche la atacó una fiebre que le duró dos días. Ese primero de junio ni siquiera le cantaron cumpleaños.

Entendí que mi cuerpo no va a poder dar el 100% en este momento (…) Entendí que en estos meses no voy a estar ni súper bien y habrá días que por suerte estaré normal”.

Varias noches estuvo sin dormir bien a causa del malestar. Créditos: Cortesía.

Luego del largo mes de espera, por fin la biopsia arrojó los resultados. Fabiana tenía un hongo en la médula ósea, el hongo Aspergillus, el cual es un tipo de moho que provoca una infección en el sistema respiratorio, esto de acuerdo a la página web de la Clínica Mayo. Los síntomas pueden variar dependiendo de las condiciones del paciente. Los doctores no entendían lo que pasaba en Fabiana.

Su médico internista le dijo que era muy raro que el hongo se alojara en la médula ósea porque normalmente lo hacían en los pulmones, pues entran al cuerpo por ahí.

– “Él siempre está preocupado y dice “¿pero qué pasa? ¿Qué pasa contigo que te enfermas tanto?”, comentó Fabiana. “Ellos tienen un diagnóstico claro de que la Ehrlichiosis estuvo y de que el hongo está ahí y hay que seguir tres meses el tratamiento y ya llevo un mes”.

Desde hace poco, los médicos están evaluando si la condición de Fabiana se debe a alguna enfermedad autoinmune como el Lupus. Pero no se tiene un diagnóstico claro todavía. “Eso es lo peor porque tú te pones a leer en internet y te sale cáncer (…) Siempre va a salir lo peor y siempre ese es mi trauma”.

“Eso es como también lo que más me cansa, como que no hay un fin, no hay un diagnóstico final de que bueno es una enfermedad tipo dengue, es dengue y ya. No, lo mío ha sido varias cosas”.

 

Solidaridad digital

En dos meses Fabiana ha sido atendida por seis doctores: dos hematólogos, un internista, un neumonólogo, un cirujano de tórax y un imagenólogo. Se ha hecho alrededor de cuatro transfusiones de sangre y alrededor de seis transfusiones de plaquetas. No recuerda bien el número pues perdió la cuenta.

Las transfusiones de sangre y de plaquetas mantuvieron a Fabiana estable. Créditos: Cortesía.

Estas transfusiones, además de ser lo único que elevaba los valores de Fabiana y le mejoraban el semblante, también fueron un golpe al bolsillo de su familia. “Las bolsas de sangre están en 100 dólares cada una y 70 dólares las de las plaquetas; y las bolsas de plaquetas son seis bolsas por cada transfusión”, indicó Fabiana. Sumado a esto se encuentran los exámenes de sangre que se tuvo que hacer cada dos días por mes y medio (ahora los hace una vez a la semana) y la biopsia de la médula ósea que costó casi 200 dólares.

El primer mes de síntomas pudo ser costeado por la familia de Fabiana, ya al segundo mes todo se fue complicando. “Una vez estuve dos días con dolores de cabeza y entonces el doctor dijo para hacerme una tomografía y ya no teníamos dinero y tuvimos que pedir prestado”. A los dos días, abrieron una cuenta de GoFundMe para recolectar dinero a través de donaciones.

Tuvieron bastante receptividad por parte de la gente y Fabiana se sintió acompañada por sus familiares y amigos. “Mi mamá pudo pagar las deudas que tenía por hacerme los exámenes. Ella tuvo que pedir prestado para una transfusión de sangre que la necesitaba urgente porque estaba mal y cuando fue la tomografía, que costó 115 dólares”.

Como todavía no existe claridad en torno al estado de salud de Fabiana, la campaña de GoFundMe sigue activa y es con lo que han podido seguir pagando sus consultas. 

Cuando Fabiana comenzó a sentirse un poco mejor de ánimos publicó un hilo en Twitter sobre lo que le estaba pasando y cómo fue su proceso de diagnóstico.  Los mensajes de apoyo que recibió luego de eso la sorprendieron y la hicieron sentir “hasta un 50% mejor”.

– “Te das cuenta que tú no estás solo, porque la gente está pendiente de ti aunque no parezca. Así hablen una vez al año esa persona ayudó en algo o te mandó un ‘mejórate pronto’”.

Cuando comenzó a sentirse mejor volvió a asistir a sus clases virtuales, este se convirtió en su salón de clases. Créditos: Cortesía.

Proceso interrumpido

Cuando decretaron la cuarentena a nivel nacional, no se sintió preocupada porque pensaba que en un par de meses ya se acabaría y todo volvería a estar como siempre. Ahora sí está preocupada, “estoy encerrada por la enfermedad y también estoy encerrada por la pandemia. Estoy asfixiada, ya estoy cansada”.

Enfermarse en medio de una pandemia no es cualquier cosa. Fabiana desearía poder salir de su casa con facilidad a despejar la mente o recibir visitas de amigos cercanos para reír un poco. Considera que quizás el proceso de su diagnóstico no hubiese sido más rápido pero sí mucho más cómodo.

– “Ahorita es ‘no toques esto’, ‘no toques aquello’ o ‘no puedes ir para acá porque hay coronavirus’”.

Ahora tienen que salir temprano para hacerse exámenes y rogar que los entreguen el mismo día, o atinar la hora en que visitan a los doctores, pues las restricciones en la ciudad han afectado el tránsito y las horas de trabajo de todos los sectores, incluso el de la salud.

Todos los días se pregunta qué pasaría si contrajera la COVID-19.

– “Cada vez que salgo y me da paranoia ‘¿y si me enfermo?’, ‘¿y si mi abuela se enferma?’,  o ‘¿y si mi mamá se enferma?’ que es la que más sale cuando va a comprar las cosas”.

Fuerza interna

En los momentos de mayor dolor, Fabiana no puede ni recurrir al sueño para escapar. Usualmente le pide un masaje a su abuela o a su tía para aliviar la molestia o simplemente se acuesta a mirar el techo de su cuarto. “Me pongo como que a reflexionar”.

Mirar el techo y reflexionar le permitía escapar del dolor. Foto: Cortesía.

Esas reflexiones y autoconciencia han permitido que Fabiana se mantenga fuerte. Considera que su estado de ánimo impacta en cómo se siente su cuerpo y trata de mostrar, siempre que puede, su mejor cara.

– “Es algo que mi familia también siempre recalca cada vez que les preguntan por mí: ‘bueno, ahí está, pareciera que no estuviera enferma’”.

Esa buena actitud la ha sabido administrar y la sigue guardando porque lo primero que quiere hacer cuando termine la cuarentena es poder reunirse con sus amigos, “sin miedo a que nos contagiemos, sin estar pendiente de ‘¡ay, me voy a contagiar!’”.

Esa buena energía la caracterizaba antes de la enfermedad y lo seguirá haciendo siempre. Eso no se intercambia con ningún diagnóstico ni con ninguna nueva normalidad.

 

Gabriela Navarro