José tuvo que alejarse del deporte para entrar en el mundo del comercio. En medio de una crisis económica decidió emprender, ahora se enfrenta a una pandemia que ha cambiado las cifras de su flujo de caja. Pero no se queda en la banca, cada día sale a jugar.

 

Dicen que los planes que surgen de repente son los que mejor se dan. José Fuentes estaba desempleado y necesitaba comenzar a generar ingresos de nuevo. Un día, en medio de una reunión con amigos, su oportunidad llegó.

– “Yo tengo algo de real ahí que me quedó de lo que trabajaba y mi esposa, como dicen, se metió un jonrón con unos negocios que hizo, le quedó una plata ahí y, bueno, vamos a darle”.

Así, decidió asociarse con un amigo e iniciar una sucursal de charcutería. “A los tres días, ya estábamos hablando de ‘mira: ya tengo esto, tengo esto’”.

Con cerámicas que tenía guardadas decidió acondicionar el estacionamiento de su casa para transformarlo en un local donde pudiese comenzar a trabajar. Su socio puso la nevera, el freezer y demás “mueblería”.

El 14 de julio de 2019 se inauguró la charcutería de José. Escondida entre las veredas de Villa Brasil, significó su única fuente de ingreso y lo ayudó a mantener a su esposa e hija.

Durante ocho meses el negocio fue creciendo, a pesar de que el país vivía “la peor crisis económica en un país sin guerra”, según el New York Times. Sin embargo, en marzo de este año el escenario cambió y a la hiperinflación y a la escasez se les unió una nueva preocupación: la pandemia por la COVID-19.

 

La charcutería queda oculta entre las veredas y callejones de Villa Brasil. Créditos: Juan Navarro.

 

Limpieza profunda

Los procesos de desinfección ahora rondan por la mente de José. No es solo en su casa, que llega y debe quitarse toda la ropa en la puerta para luego bañarse y lavar lo que se quitó; sino que el protocolo de limpieza que seguían en el negocio también cambió. Antes limpiaban el local cada dos días; ahora lo hacen diariamente. “Y no es que nada más diario sino que varias veces al día”, recalcó.

“Al abrir sencillamente desinfectante con todo, desde el mesón hasta el punto de venta, todo, absolutamente todo. A media mañana otra vez de nuevo. Si llega mucha clientela pasamos dos personas y esperar las otras dos. Y cuando se va, ponte, un grupo de diez personas que llegaron, otra vez a limpiar. A veces son hasta tres veces, cuatro veces diarias que uno limpia en el transcurso de la mañana; en la tarde igualmente”.

Sin embargo, cuando llega mercancía al local el proceso es mucho más complicado, especialmente cuando hay clientes. José no tiene un cronograma de recepción de pedidos pues los proveedores no pueden ofrecerle fechas u horarios fijos.

Las entregas se hacen cuando consiguen gasolina y cuando hay horarios de flexibilización en la ciudad. No todos cuentan con un salvoconducto para transitar.

El proceso de compra de mercancía es otro problema. Cuando los proveedores compran la gasolina, la incluyen en el flete y todo aumenta.

“Si yo trabajo a un 10% y te estoy diciendo que la mercancía me tarda 15 días en salir, para yo venderla completa, no tengo nada de ganancia, más bien tengo una pérdida muy grande. Porque en 15 días todo lo que se devaluó. Es engorroso”.

 

“Descubrimiento” del 7+7

El 5 de junio se comunicó, a través de una cadena nacional, el “descubrimiento” del método 7+7. “…7 días de cuarentena radical más 7 días de flexibilización segura. Y nosotros nos vamos a mantener con el 7+7 por el transcurso de los meses que están por venir”, así lo explicó el presidente Nicolás Maduro desde Miraflores.

Así, los locales comerciales podrían abrir una semana con horario completo, y una semana hasta las 12:00 del mediodía, pero solo aquellos rubros que el gobierno considerara necesarios. Esto ha hecho que las ventas disminuyan, inevitablemente.

José quisiera tener más variedad en su local, pero la escasez no se lo ha permitido. Créditos: Juan Navarro.

Riesgo necesario

Cualquier trabajo que implique la atención al público es uno de los más demandantes pues lidiar con la gente no es tarea fácil. Ahora, en medio de la pandemia por la COVID-19, no se necesita solo paciencia sino también prevención. Cualquiera podría ser portador del virus sin saberlo.

La limpieza del local incluye mostrador, pisos, puerta, punto de venta y neveras. Créditos: Juan Navarro.

 

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) publicada en julio de este año, el porcentaje de trabajadores por cuenta propia en Venezuela llegó a 45%; casi la mitad de la población ha decidido “montar” sus negocios y dejar de ser asalariados. José forma parte de estas cifras y cada día se arriesga al contacto con decenas de personas para poder tener una fuente de ingresos.

Hay clientes que no han sido tan comprensivos con las medidas de prevención impuestas por el Ejecutivo Nacional y que son recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A ellos, José no les permite la entrada al negocio porque implica un riesgo para su salud y la de los demás clientes. Sin tapaboca no se entra.

“Por lo menos, tengo un señor que lo conozco de toda la vida, soy amigo de los nietos desde niño y todo, y ese señor me agarró una rabia y no ha ido al negocio. Son personas mayores, uno lo entiende pero son cosas que sí pasan. La gente ‘no, que eso es embuste’, si fuera embuste nos lo dijeran nada más aquí pero eso es una problemática que tenemos a nivel mundial”.

Si José no trabaja, no come. Así de simple. Y como él, muchos venezolanos se encuentran en el dilema de tener que exponerse a las calles para obtener la comida que llevarán a sus casas.

– “Puede ser que haya conciencia pero a nivel de tener comida en tu casa y llevar la papa para la casa no lo haces porque todo está cerrado, no puedes salir, no puedes vender. Entonces te arriesgas a salir”.


Reducción de platos

José ha notado los cambios en la alimentación de sus clientes de acuerdo a sus ventas. Antes de la cuarentena, José rotaba hasta tres pacas de harina PAN, ahora rota solo una. El bulto de azúcar le duraba una semana, ahora le dura 15 días. Con respecto a la mantequilla y el aceite, era una caja semanal y eso también cambió. El queso sigue siendo el producto que más se vende.

“Yo tengo clientes que son clientes duros, que se llevan un mercado de tres o cuatro millones de bolívares y ya lo han disminuido”.

 

Red de referidos

El 14 de julio de este año la charcutería cumplió su primer aniversario y, a pesar de tener poco tiempo en la zona, ha construido una red de clientes que José valora enormemente. Durante la cuarentena, particularmente, en Villa Brasil se crearon diferentes grupos de WhatsApp donde la gente comenzó a ofrecer sus servicios y productos. En vista del encierro forzado, muchos tuvieron que comenzar a producir dinero desde sus casas.

– “A través de los amigos de los amigos de los amigos de los amigos se referencia y “conchale, Fulano me dijo que aquí tenías” y así fui creando, en eso de que “dame tu número, que voy a crear el grupo”. Y así he hecho la red (…) Entonces, a raíz de eso crecí bastante en ese aspecto. Por eso como te digo, no es algo de que la saqué de jonrón, por decirte algo, pero sí por lo menos da para uno medio andar”.

José aspira a que toda esta situación de cuarentena se acomode y él pueda tener más variedad en su local para mantener a toda esa clientela que ganó durante estos meses de encierro.

El día en que las fotos se tomaron, una fase eléctrica del sector tuvo una falla y la computadora del local se quemó. Créditos: Juan Navarro.

 

La crisis afecta a todos

No por ser el dueño del negocio José hace lo que quiere con sus productos. Sabe que en los negocios de comida hay un arma de doble filo.

– “Yo voy al negocio y yo pago mi comida. Yo pago mi harina. Porque si tú tienes eso es como un depósito, “ay, me faltó una harina PAN; ay, la agarré; ay, después la pago”. Cuando te pones a ver tienes un deudón y una cuenta y eso ya te resta el pago de proveedores, te resta esto, tienes que sacar plata de otro lado”.

Sin mascarilla no se puede entrar al local. Créditos: Juan Navarro.

 

José es oriundo de El Tigre, ciudad ubicada al sur del estado Anzoátegui, pero lleva casi toda su vida en Puerto Ordaz. Conoce a muchas personas en su sector y la confianza a veces ha generado malos entendidos con sus clientes. Pedir “fiao” se ha vuelto costumbre y, aunque a veces le ha costado, a todas las personas les dice que no.

– “La otra persona piensa “no, ese tiene un negocio a ese no le hace falta eso, yo le pago después” o “ese tiene real a ese no le para a eso, le pago después cuando yo pueda”. No, las cuestiones no son así. Uno no sabe qué está en el caldo sino la cuchara que lo está meneando. Es rudo”.

 

Papá profesor

Balancear el trabajo con las labores del hogar no ha sido fácil desde que inició la cuarentena. José tiene una hija de cuatro años y su esposa tiene seis meses de embarazo, “viene el varoncito por ahí”, comentó con alegría. Con las clases suspendidas debido al estado de alarma nacional decretado por el presidente Nicolás Maduro, a José le ha tocado cubrir el rol de profesor y permitir que su hija siga aprendiendo desde casa.

– “Gracias a Dios tengo amigas que son docentes y me han explicado: ‘Mira, hazle este ejercicio para que pueda hacer el tres mejor, lo identifique de la E. Porque el tres y la E ellos lo tienden a confundir’”.

Para los niños el encierro no es fácil, ellos no entienden de pandemias, de cuarentenas o de virus invisibles. José ha escuchado a su hija decir, entre lágrimas: “Papá, extraño a mis amiguitos, ¿cuándo voy a ir al colegio? Extraño a la directora, a las profesoras”. Ante la tristeza de su hija, José se las ha ingeniado para mantenerla entretenida.

– “Uno trata de ser dinámico, de jugar con ellos y hacerle las actividades distintas. En estos días le pedí la piscina al abuelo pa’ llenársela y conchale algo distinto pa’ poderla distraer un poquito pero no es nada fácil”.

 

De vuelta a los estadios

Desde los cuatro años José dio sus primeros pasos en estadios de béisbol y también incursionó en las artes marciales. Hoy, a sus 28 años y a pesar de tener algún tiempo sin practicar alguna actividad física, en su forma de hablar se siguen colando términos deportivos, como “sacarla de jonrón” para referirse a algo que salió muy bien.

José quería reunir a sus excompañeros de béisbol para volver a competir a nivel regional. Créditos: Juan Navarro.

 

En enero de este año José comenzó a reunir a sus excompañeros de partidos para volver a armar un equipo y participar en el próximo campeonato de softball de la zona. En vista de la pandemia, este plan quedó archivado. Ahora su enfoque está en la espera de su segundo hijo y en conseguir todo lo necesario para que llegue al mundo de la mejor manera. José le agradece a Dios tener una esposa tan buena, y a ella le atribuye los éxitos en su vida: “siempre está con la sonrisa en la cara y me hace ver otra perspectiva pues. Gracias a Dios creo que por eso hemos sido un poco exitoso en nuestras metas”

Con respecto a sus oportunidades de crecer como comerciante, José dice que “Siempre hay una posibilidad, lo importante es uno ser constante y agarrar al toro por los cachos y lanzarte a la aventura”.

 

Gabriela Navarro