Mantener una rutina en cuarentena es complicado en especial para quienes les toca aprender desde lo que antes de la COVID-19, solía ser un lugar de descanso, juego y distracción. A los padres les toca la tarea de acompañar. 

 

“Papá: hoy amanecimos en la prehistoria”. Estas fueron las palabras que el hijo de Claudio Giovanuchi le dijo el día que se quedaron sin internet. Las luces del modem de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela, CANTV, aún titilan y ellos esperan que algún día funcione. Esta familia tiene más de cuatro meses sin el servicio de internet y es gracias al vecino, que les dio la contraseña del wi-fi que pueden mantenerse comunicados. Los hijos de Claudio necesitaban el internet para enviar las tareas del colegio privado en el cual estudian, ya que ahora su casa es también la escuela debido a la COVID-19.

Desde el 15 de marzo del 2020, Nicolás Maduro suspendió las clases y dos días después Venezuela fue decretada en cuarentena por la pandemia. Las instrucciones a las instituciones, ni privadas ni públicas, fueron claras en relación a qué hacer en este espacio de tiempo; pero los hijos de Claudio tomaron eso días como “vacaciones”. Fue el 7 de abril, casi un mes después, que el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, suspendió oficialmente las clases presenciales por el resto del año 2019-2020.

Claudio intenta verle el lado positivo a la situación como que tendrá un poco más de tiempo libre y que sus hijos estarán más tiempo en casa; sin embargo, les preocupa la ansiedad en ellos porque estar todo el día encerrado en casa no es fácil si no tienes distracciones. Él recuerda el día que Directv, el servicio de televisión por cable, cesó operaciones en el país.

 

No había otra opción

Para Claudio posponer las clases del tercer lapso del año escolar no era viable porque “es perder el año (…) lo que hay que ver es cómo será el futuro”. Ante la contingencia, la solución de la escuela fue que cada profesor enviara asignaciones a sus estudiantes por correo electrónico. “Si nadie podía ir a dar clase, la única manera era esa y bueno se hizo lo mejor que se pudo”.

Él tiene dos hijos: el menor, que está en segundo año, y la mayor que pronto iniciará el último año de bachillerato. Para ellos, a pesar de ser estudiantes responsables, los primeros dos meses de “educación a distancia” fueron un poquito traumáticos, por el cambio repentino. “Antes iban a clases todos los días y ahora no”. Al tiempo se lograron adaptar. 

Aunque este padre considera que no había otra opción para finalizar el año escolar, también dice “no me siento satisfecho de marzo para acá con lo que estudiaron mis hijos” y considera que “hay que hacer una estructura” para que esto funcione bien.

 

Horarios revueltos

Desde la llegada de la COVID-19 a Puerto Ordaz, Claudio es la única persona que sale de su casa fundamentalmente a dos actividades: trabajar en el taller mecánico y comprar comida. Él desayuna como a las siete de la mañana, sale, vuelve, se desinfecta y son las 12 del mediodía, hora de almuerzo para la mayoría de la gente; sin embargo, sus hijos se suelen acostar a las tres de la mañana, porque se despiertan tarde, desayunan tarde y a Claudio le gusta comer en familia. Prefiere esperarlos.

Los días transcurrían en ver televisión, tareas y compartir en familia. Créditos: Cortesía.

Los horario descontrolados del hogar hicieron que poco a poco la rutina se hiciera difusa, por lo que a Claudio y su esposa les tocó llegar a acuerdo con sus hijos de que apenas él llegara del trabajo, la tarea tenía que estar lista. Las excusas no eran válidas, pero ellos podían quedarse hasta tarde. Lo importante que cumplieran con la responsabilidad. Cuando la terminaban, él la revisaba.

Pese a que sus hijos son independientes, a veces, había asignaciones que no sabían hacer y ahí entraba Claudio a explicarles. “Soy ingeniero mecánico, pero con mi hija me tuve que poner a estudiar química otra vez (…) porque mandan cosas que wao”, e indica que en definitiva hay materias que no se pueden aprender solamente con guías y ya. El acompañamiento docente es vital porque a los muchachos, por lo general, no les gusta que sus padres les enseñen.

Entretanto, Claudio se pregunta si otros padres tendrán la oportunidad de sentarse a estudiar algún tema con sus hijos. No todos quieren. No todos pueden. No todos saben.

 

Padre y profesor a la vez

Matemáticas, Castellano, Inglés, Física y Química son las materias que este padre considera esenciales para cualquier ámbito profesional; pero, a Claudio le preocupa la base que tienen sus hijos en estas áreas. Durante la cuarentena, “las asignaciones fueron exámenes para la casa sin algún tutorial o clases”; las guías no son suficientes. “Si el examen es de trigonometría y yo no te di clase del seno, coseno, tangente y demás; y te colocan una evaluación, ¿cómo la resuelves?”.

Los aprendizajes que adquirieron los hijos de Claudio durante los meses de abril, mayo y junio del 2020 en tiempos de pandemia fueron más que todo autodidactas con textos o videos en YouTube. “Hace falta la atención personalizada si vamos a mantener este esquema”.

A esto se suma incomunicación de algunos profesores. Este padre, que también hizo de docente, dice que hubo varios profesores que desaparecieron y el intercambio de mensaje con los muchachos era poco o casi nulo. La virtualidad requiere de un trabajo en equipo entre estudiantes, maestros y padres.

 

Cambios

Ambos hijos de Claudio extrañaban mucho a sus compañeros e incluso al colegio, “el ser humano no sirve para estar encerrado”. Los muchachos se aburrían y no sabían qué más hacer, pues no podían salir de casa a fin de cumplir las medidas preventivas ante la COVID-19.

“Les inventaba cosas que si camping, pollo a la brasa y bromas así (…) carne en vara y eso era para ver si la cosa (cuarentena) pasaba rápido, pero iba incrementando”. El coronavirus llegó para quedarse y cada vez limita más las distracciones en el hogar.

La familia completa de Claudio, actualmente, intenta crear una rutina tras finalizar la etapa de las clases. “Vamos a la canchita para que caminen, troten y que agarren sol. Mis hijos están blaaaaancos. Salen de la casa solo en estos paseos en la residencia”.

La dinámica familiar se vio alterada, pero Claudio lo vio como una oportunidad. Créditos: Cortesía.

 

Planes pospandemia

Claudio aún no sabe cómo será el año escolar 2020-2021. Solo tiene certeza de que sus hijos seguirán estudiando; y su mayor preocupación es que tener las herramientas necesarias para que ellos puedan acceder a sus clases o tareas. “Todo es cuestión de adaptarse”.

Por lo pronto, la familia Giovanuchi quiere dos cosas cuando finalice la cuarentena: un viaje a Maturín, para actualizar la prótesis dental que el menor de los tres necesita, ya que tiene displasia ectodérmica; y otro a la isla de Margarita: playa, sol y arena; para quedarse una semana allá, compartir, desestresarse y “aprender de todo esto. Aprender un poquito de todo esto”.

 

*El nombre de la institución educativa fue omitido en el texto para crear relatos que conecten con todos y no con un grupo en particular  

 

Valeria Requena